«Un Apolo sin conductor», una pequeña gran historia del ferrocarril vasco


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    Hoy abro un hilo un poco diferente: es una historia que Don Juanjo Olaizola cuenta en su blog, pero, ¿quién es Juanjo Olaizola?

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    Juanjo Olaizola (San Sebastián, 1965) es, sin ninguna duda, uno de las personas que más sabe del ferrocarril en este país, debido a su pasión por él desde niño.

    Es Doctor en Historia por la UNED y dirige desde 1988 el Museo Vasco del Ferrocarril que él mismo fundó. En 2010, al pasar el museo de las manos de Euskotren a las del Gobierno Vasco, entonces presidido por el PSE, fue destituido y nombraron una directora que no le llegaba a la suela del zapato. En 2014, debido a as presiones de diversas instituciones nacionales e incluso internacionales, el museo volvió de nuevo a manos de Euskotren, que decidió que era Olaizola el que mejor lo iba a dirigir.

    Su extensa obra cuenta la gran historia del ferrocarril de este país, aunque siempre ha tenido predilección por los ferrocarriles de vía estrecha. Además tiene un blog en el que muestra biografías de ingenieros y personas influyentes en la historia del ferrocarril, comparte fragmentos y capítulos interesantes de sus libros o cuenta historias como ésta que cuenta a continuación:

    Un Apolo sin conductor
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    «En el mundillo ferroviario, los trenes de la serie 2.400 de Feve son popularmente conocidos como “Apolos”. Sin embargo, unos años antes ya recibió este sobrenombre una curiosa dresina o mesilla de inspección de vía que, en 1975, construyó la firma madrileña Maquivías, para el ferrocarril del Urola.

    La discreta vida de esta clase de vehículos, por otra parte tan importantes para la explotación ferroviaria, suele pasar desapercibida. Sin embargo, el protagonista de la entrada de hoy vivió en 1977 una singular aventura, al cubrir más de 30 kilómetros ¡sin conductor! Dejemos que sea el informe redactado por el Jefe de Movimiento del ferrocarril del Urola, Álvaro Cámara Iriondo, el que nos ilustre sobre este curioso suceso:

    Sobre las 4 ½ horas de la madrugada del día 17 de agosto de 1977, circulaba el guardavías don Ignacio Gurruchaga Olaizola, con su mesilla accionada por un motor de gasoil, efectuando la labor que tiene encomendada, cuando a la altura del k. 24,750 aproximadamente, al salir de una curva que discurre paralela a la carretera, vio venir de frente un vehículo con las luces encendidas y, por motivos que se desconocen, pensó que se le echaba encima un tren que venía en sentido contrario, por lo que, sin más, saltó de la mesilla y se echó a tierra, dándose cuenta después de que el vehículo que le deslumbró era un automóvil.

    Al abandonar el guardavías la mesilla, ésta siguió su marcha hacia Zumaya.

    El guardavías inmediatamente de haberse recuperado del consiguiente susto, se situó en la carretera y detuvo a un taxi que se dirigía a Azpeitia (del Sr. Echániz, de Azpeitia) y le indicó debía volver juntamente con él, habiéndole explicado lo que le pasó.

    Llegaron a la estación de Iraeta, antes que la mesilla, y después de haber desvelado al Sr. Ijurco, quien se levantó de la cama, entre los tres (taxista, guardavías y capataz), pusieron piedras en la vía, para ver de detener a la mesilla, pero todo fue inútil y la mesilla continuó su marcha. Nuevamente, igual operación en la estación de Arrona, pero con idéntico resultado, ya que la premura del tiempo no daba margen para obstaculizar la vía con más elementos.

    No cejan en su empeño los tres individuos antes citados y tratan de llegar a la estación de Zumaya, pero no logran hacer nada, pues casi al mismo tiempo veían como la mesilla marchaba hacia Zarauz, después de haber entrado en vías de FEVE y haber pasado en la dicha estación dos agujas, candadas y con sujeción de tornillo, estando las mismas en posición “talonadas”.

    A la vista de la situación se dirigen a Zarauz y logran llegar antes de la mesilla, pero tampoco logran detener o descarrilar a la mesilla, que tras haber pasado o “tirado” las bridas, unas traviesas y piedras que se le pusieron a la entrada en agujas, continua la mesilla hacia Orio.

    Los individuos que viajaban, como hemos dicho, en automóvil, continúan hacia Orio, donde llegan antes que la mesilla y es aquí cuando, valiéndose de unos “cupones” (pedazos de carril), piedras, traviesas, que situaron en el “corazón” de la aguja de entrada de la mencionada estación de Orio, logran hacer descarrilar la mesilla, la que quedó volcada sobre un lado.

    Esta es a grandes rasgos la “historia” de esta mesilla que entre los ferroviarios del Urola se le venía apodando con el remoquete de Apolo. Remoquete puesto sin que se pudiera presumir estas andanzas por “campos extraños” y sin “pilotaje”. En fin, ¡de película!

    El guardavías resultó con unos ligeros rasguños sin importancia, así como el vehículo protagonista de este suceso.

    Azpeitia, 18 de agosto de 1977

    El Jefe de Movimiento
    (rubricado)»

    http://historiastren.blogspot.com

    Espero que os haya gustado esta pequeña anécdota. Ya he cumplido con eso de abrir dos hilos, si gusta pues bien, ya tengo previsto abrir otro sobre una iniciativa para recuperar el ferrocarril granadino que está en horas bajas (@dehm), y si no manifestad vuestra infelicidad :elrisas:



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    Me quedo muy tranquilo despues de ver la efectividad de las medidas de seguridad para trenes sin control.



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    To wapa la historia!!!



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    Bronce



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    @src dijo en «Un Apolo sin conductor», una pequeña gran historia del ferrocarril vasco:

    Me quedo muy tranquilo despues de ver la efectividad de las medidas de seguridad para trenes sin control.

    Hombre, la historia ocurrió en 1977 en el Urola, que se inauguró en 1924 y se mantuvo casi sin ningún mantenimiento ni renovación hasta 1986, año de su cierre, y qué decir de los Ferrocarriles Vascongados (por entonces ya integrados en FEVE), que desde los años 50 estaban ya en decadencia, pero aún más a mediados de los 70.
    Hoy día las cosas han cambiado a mejor en cuanto a seguridad.





Has perdido la conexión. Reconectando a Éxodo.